miércoles, 19 de agosto de 2009

José Antonio Ramos Sucre, el hombre hecho metáfora



De extremo a extremo torna y se desborda.
Pálmenes Yarza


Dentro del universo literario de José Antonio Ramos Sucre, el poeta vive la vida y la muerte paralelamente; sus extremos se condensan en un largo viaje de dolor e integra sus espacios a través de la angustia y de un nuevo mundo creado para sobrevivir en el lenguaje, en la palabra. En la dualidad del topo y el lince el tormento lo arropa y lo persigue para siempre.
José Antonio Ramos Sucre (Cumaná 1890-Suiza 1930) autor de La Torre de Timón, Las formas del fuego y El cielo de esmalte, fue un visionario dentro de la literatura de su tiempo; su forma, poesía estrictamente en prosa, ha sido hasta catalogada, por críticos españoles, como cuentos poéticos; su fondo, divaga en las corrientes del río espectral de su imaginación y de sus sueños. En El Herbolario, divaga entre su infancia y su madurez –una vida que no logra concretar- y lo simboliza a través del topo y el lince.
Una experiencia de vida –quizás personal, quizás colectiva- en la conjunción de los contrarios en un mismo ser, el hombre hecho metáfora.



El Herbolario
El topo y el lince eran los ministros de mi sabiduría secreta. Me habían seguido al establecerme en un paisaje desnudo. Unos pájaros blancos lamentaban la suerte de Euforión, el de las alas de fuego, y la atribuían al ardimiento precoz, al deseo del peligro.
El topo y el lince me ayudaban en el descubrimiento del porvenir por medio de las llamas danzantes y de la efusión del vino, de púrpura sombría. Yo contaba el privilegio de rastrear los pasos del ángel invisible de la muerte.
Yo recorría la tierra, sufriendo la grita y pedrea de la multitud. No conseguí el afecto de mis vecinos alumbrándoles aguas subterráneas en un desierto de cal.
Una doncella se abstuvo de censurar mi traje irrisorio, presente de Klingsor, el mago infalible.
Ya la salvé de una enfermedad inveterada, de sus lágrimas constantes. Un espectro le había soplado en el rostro y yo le volví la salud con el auxilio de las flores disciplinadas y fragantes del díctamo, lenitivo de la pesadumbre.