sábado, 17 de enero de 2009

Poemas de Zakarías Zafra Fernández



Eres un universo de universos,
y tu alma una fuente de canciones.
Rubén Darío



No en vano el autor de Yoescribo.com, Zacarías Zafra Fernández ha sido preseleccionado entre los 200 mejores escritores de habla hispana en el XXI Convocatoria Internacional de Poesía y Narrativa breves que se ha organizado en Argentina. Y es que, en éste, su primer libro: “Quinquenio” la combinación musical de los versos, datan de un repertorio de imágenes como sacadas de las Cuatro Estaciones de Antonio Vivaldi.
Zakarías Zafra Fernández, (Barquisimeto, estado Lara, 1987). Poeta, pianista y compositor; estudiante del Conservatorio Vicente Emilio Sojo. Ha participado en prestigiosos concursos de piano en Caracas: Tercer Concurso Nacional el Piano Venezolano (Mención Honorífica a la mejor interpretación de valse venezolano para piano), Primer Concurso de Piano a Cuatro Manos (Gerty Haas-Olga Mondolfi) (Ganador del Primer Premio), Encuentro Internacional de Piano (Primer Premio en la categoría). Zakarías, tus versos llegan como un fogonazo bajo la piel.

**
Nombre tuyo
que brota
del pétalo
como declaración
de amor
que haga
un tallo
sin espinas.
Yo que recorrí
luengos parajes,
grutas
de aguas falsas
y ludibrios,
no quise más
que un camino
para alabar tu epifanía.
¡Rutila el túnel
por donde
tú pasaste!
Y descanso
en tus ojos tonantes,
en la delectación
que brinda
tu pasividad
de montaña.
Se desploma
la tarde.
Enciende Dios
su linterna purpúrea
y canta
tonadas nocturnas
a los hijos
del hombre.
Ahí
venía yo
viajando,
adorando la reguera
de crepúsculo
con una felicidad paradisíaca
con la grandeza
faraónica
de haber construido
palacios
llenos de amor
por ella.

***
Si una prosaica mujer
me preguntase
las razones exactas
de tu intangible ternura,
mi plácida enamorada,
¿Qué rarezas habría de responderle?
¿Qué diría
para desmantelar
la fórmula
de tu perfección geométrica?
Es que
desde la flor del cuello
hasta el aurífero
yacimiento de tu pie
emanan
graves perfumes.
Tu cara es otro mundo,
de firmes estatuas
de brevísimos ósculos,
de labios que juegan
con mi agria boca.
Risa elegante,
marea rítmica
del muslo
grueso,
cuadratura del tronco
que germinó en mi sien
sus raíces.
Si un día me preguntaran
de dónde vienes,
buscando el origen
de tu estentóreo estilo,
yo les diría:
Ella bajó
a la altura…
Ella viene de
una ciudad
constelada.